En japonés existe una palabra, “mendokusai” que podría traducirse como “molesto, pesado, no me da ganas de hacerlo, tedioso…” Suele usarse en situaciones en las que es necesario enfrentarse a algún procedimiento que nos quitará tiempo y que nos proporcionará poco beneficio comparado con el esfuerzo de realizarlo.
Por ejemplo algo tan molesto como dejar entrar a dos extranjeros en un restaurante.
La experiencia que voy a relatar, es la primera vez que me sucede en dos años. No es común, en realidad los extranjeros no tienen problemas para comer en prácticamente ningún sitio de Tokyo. La amabilidad es extrema y hasta ahora me he sentido muy bien atendido. De todas formas, el otro día experimenté una situación que no me agradó en absoluto y que después de meditarla le encontré explicación, aunque ésta no justifica el comportamiento por parte del personal de un par de restaurantes donde intenté cenar.
Caminaba, por el barrio de Ebisu, con mi novia buscando un restaurante donde cenar. Esa zona, últimamente, está siendo bastante frecuentada por extranjeros. Hay restaurantes bastante interesantes y a un buen precio.
En dos restaurantes no nos dejaron entrar alegando que estaban llenos y con los asientos totalmente reservados. En el primero de ellos tenían a un empleado con el menú en mano por la calle intentando captar clientes. Cuando éste vio que nos acercábamos a la puerta del restaurante y leíamos el menú de la entrada, se apresuró a decirnos que el restaurante estaba lleno y completamente reservado. Si era así, ¿para que estaba en ese mismo momento intentando captar gente para que entrara? No hace falta ser un genio para entender que su intención era no dejarnos entrar. Llevábamos una pinta bastante aceptable, yo ese día incluso iba de traje. La única cosa que nos diferenciaba del resto es que éramos extranjeros y en concreto europeos.
Decidimos irnos, no valía la pena discutir. De paso no pienso entrar en un sitio donde mi presencia no es bienvenida. Luego intentamos entrar en un segundo restaurante. Desde la calle se podía ver como al fondo habían cuatro mesas vacías y la barra estaba llena en un 50%. Cuando abrimos la puerta el empleado con mucha educación y pidiéndonos perdón, nos dice que está todo reservado. Lo anormal, es que la “barra” esté reservada. Cosa que suele no reservarse nunca. Las mesas al fondo tampoco tenían cartel de “reservado” y dentro no había ni un solo extranjero comiendo, a pesar de que la calle estuviera ampliamente transitada por ellos. Mientras nos decía eso, una pareja de japoneses, entraron y no dijeron su nombre. Directamente se sentaron en su mesa. Si hubiera estado reservado les habrían pedido el nombre en la entrada. ¿Curioso verdad? Decidimos dar una vuelta y al cabo de unos 15 minutos, volvimos a pasar delante del mismo lugar y efectivamente la barra seguía medio vacía y un par de mesas vacías. Evidentemente no había reservas, simplemente no deseaban extranjeros.
Lo que lógicamente podríamos pensar es que algunos restaurantes son racistas con los blancos y nos deniegan ilegalmente la entrada alegando estar reservados.
Considero que la realidad es diferente. Creo que no se trata de racismo, sino de “molestia” lo cual al final se transforma en un tipo de discriminación y de mal educación respecto a personas de otras nacionalidades.
Tenemos a un restaurante cuyos camareros no saben decir absolutamente nada en inglés. Solo hablan japonés. El menú está solo en japonés y la comida japonesa no se parece a la de ningún otro país, ni siquiera a los países cercanos.
Por otra parte la forma de gesticular y la comunicación visual entre japoneses y europeos es completamente diferente. A esto le sumamos que normalmente los empleados japoneses están acostumbrados a hacer su trabajo siguiendo un procedimiento, por lo que cualquier cosa que se salga de dicho procedimiento se transforma en un problema difícil de resolver. La improvisación es algo para lo cual no están preparados. Así que se encuentran en la situación de tener que explicar a unos extranjeros, cosas como los ingredientes de un plato o preguntar si desean algo más, etc. Los camareros se estresan, acaban habiendo dos o tres camareros en la mesa intentando comunicar con el alienígena que decidió comer en su restaurante y todo este proceso se transforma en algo “mendokusai” o sea molesto.
La forma de resolver el problema es por la vía más corta. O sea, denegar la entrada a extranjeros. Realmente no creo que sea racismo, es solo falta de capacidad comunicativa y falta de capacidad de improvisación para resolver situaciones inesperadas. Si mi novia fuera japonesa, no habría problemas, si fuéramos una pareja de asiáticos tampoco.
De todas formas al final se reduce a que dos extranjeros que conocemos el idioma y las costumbres, no pudimos entrar en estos dos restaurantes por miedo a resultar “mendokusai”
Primer restaurante


Segundo Restaurante





